Crisis, what Cris(is)?

por Phil O'Hara

DeliciasBurgos7

Si faltando aún cinco largos minutos para dar por finalizada la contienda la hinchada local empieza a abandonar el Santiago Bernabeu, contra el Atleti, que va ganando por un solitario gol, es que algo huele a podrido, como en Dinamarca. ¡Qué lejos los días en los que un pobre puñado de minutos era una cima infranqueable hasta para la mejor armada de las escuadras! Acabar sacando botín del feudo blanco no resultaba empresa fácil. Y cinco minutos podían ser un calvario; las manecillas del reloj no avanzaban, el tiempo parecía congelado, sobre el verde los minutos parecían tornarse años y todo eso hacía mella y se dejaba ver en el rictus del rival. Entonces noventa minutos, del primero al postrer, se hacían muy largos en el Bernabeu. Ya no. Hoy el madridismo, como un ácido nucleico que hubiese extraviado extrañamente sus instrucciones genéticas, vaga sin demasiada fe, aferrado solamente al sueño irreal de una nueva Copa de Europa, la undécima, pero anhelando en verdad otra Liga. Impera en el club, en vez de la cordura, la Ley de Murphy. ¿De qué otro modo se explica si no que Cristiano apareciese por la zona mixta disparándose en el pie? El aficionado hubiese esperado del luso otra actitud: agarrar los micrófonos como empuñaba Rodrigo Díaz de Vivar la Tizona a lomos de Babieca y, a la heroica, clamar a los cuatro vientos la pronta Reconquista. Porque lo que madridismo precisa de Cristiano no son exégesis, sino que sea como el Cid y que lidere al equipo hacia los triunfos.

Acomodados en una década prodigiosa, los culers de cierta edad sabemos bien que no hay dicha que se alargue eternamente ni mal que cien años dure. Algunos extrañamos y tememos en parecidas proporciones aquel Real Madrid capaz de lo mejor; el de las temibles arreadas. Tarde o temprano, cuál Fénix, resurgirá de sus cenizas para volver a ser un rival formidable. Mientras tanto y hasta que no llegue el día en que Saturno reclame la atención de Lionel Messi, en Concha Espina siempre podrán invocar el pensamiento zen. Y para quienes presenten serias dificultades de concentración, diez Copas de Europa o treinta y dos Ligas siempre serán mejor bálsamo que el de Fierabrás.

 

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