Un triplete, dos tripletes, tres tripletes

por Phil O'Hara

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Debiera ser anatema y en vez de eso aquí estamos todos, tan tranquilos, mentando un nuevo triplete como si nada. Por tamaña insensatez, por menos incluso, a más de uno seguramente lo fulminaran los olímpicos dioses allá en la lejana Grecia. Pero eran otros tiempos. Nombrar nuevamente el triplete es manifiestamente abusivo, ofende al sentido común, es vacuo desiderátum, escapa a toda lógica y por ende y por si fuera poco además -que no lo es- resulta el no va más. Otro triplete, el segundo de Luís Enrique, el tercero del club, ¡como si fuera posible!

Pues va a ser que sí es posible. Porque la plantilla, con el técnico gijonés a la cabeza, parece emperrada en conseguirlo. Diríase que han renovado votos con el único propósito de obtener de nuevo la gracia de levantar todas las copas. Y no me negarán que eso no es un dislate propio de quien perdió el juicio. Analicemos las cosas: los de azulgrana han avanzado en la Copa con paso firme hasta plantarse un año más en la final. Competir han competido perfectamente tanto contra el modesto Club de Fútbol Villanovense, como contra los aguerridos hombres del Txingurri Valverde o frente al hoy venido a menos conjunto ché, al que infringieron un severo correctivo, bordando los de Lucho el fútbol en una actuación prodigiosa y digna de encomio en la ida de la semifinal. En la competición doméstica el equipo anda como un tiro, encaramado a lo más alto de la tabla, desde donde atisba, con insultante superioridad, a sus inmediatos perseguidores, distanciados ya casi diez puntos. Y en la Copa de Campeones, con pie y medio en la ronda de cuartos de final, hay quien jura o perjura que Messi y compañía tienen entre ceja y ceja ser los primeros, desde que la Copa de Europa adoptase más de veinte años atrás el actual formato, en revalidar título. Siendo todo cierto, no lo es menos que ni los del barrio de Nervión, ni los de Concha Espina, ni tampoco los de la ribera del Manzanares -por no hablar de los grandes clubes europeos que en la presente edición ansían izar la orejuda- parecen muy dispuestos a que se encumbre al club catalán allende lo razonable: alzar en una misma campaña Copa, Liga y Copa de Campeones, pase. Hacerlo por segunda vez unos pocos años después, pase quizá también. Pero pretender que haya aún una tercera ocasión se antoja un atropello imperdonable.

Por más empeño que ponga la culerada en atesorar un nuevo triplete, por mucho que los de Luís Enrique hayan abjurado del maravilloso monofisismo esencialista aquél para convertirse en un once terrenal aunque magnífico, en un equipo heterodoxo pero formidable, en un verdadero equipazo, vaya, tres tripletes siguen siendo muchos tripletes. Como cinco Balones de Oro son muchos Balones de Oro. Por lo que pueda pasar acaso habrá que ser precavido e ir pensando en enfriar el cava. Y si uno no es de los que siente los colores azul y grana, sino que son sus apegos y querencias otras o muy otras, debiera quizás ir rezándole a algún dios, no vaya a ser que en mayo ya sea tarde y que tres tripletes, que sí son, claro, muchos, sean solamente el paso obligado hasta otras seis copas. O incluso hasta cinco.

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