Ganar la Copa Europa.

por Phil O'Hara

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No hay nada como ganar una Copa de Europa. Quizás ganar dos, o ganar diez. O a lo mejor no. A lo mejor ganarla por vez primera sea cien veces mejor que cuando levantas esa copa, qué se yo, pongamos que por tercera o por quinta vez. Cuando Gianluigi Buffon levante la tercera orejona para la Juve, si la alza, por mucho entusiasmo que se manifieste entre la parroquia Bianconeri, no tendrá parangón a cuando Gaetano Scirea la levantó, ofrendándola al cielo de Bruselas, aquella noche aciaga, triste y desoladora, aunque extraordinaria, que la Vecchia Signora logró su primera Copa de Europa en el estadio de Heysel. Del mismo modo, o parecido, el alborozo de los culers, tanto si es Andrés Iniesta quien la iza como si es Xavi Hernández, será grande, pero la felicidad que embargó a la afición azulgrana un lejano ya veinte de mayo de 1992 cuando el cancerbero y capitán Andoni Zubizarreta aupó en el mítico Wembley por primera vez el trofeo debió ser cien veces mayor. Es que no hay nada como ganar una primera Copa de Europa.

Sea la primera, la tercera o la quinta, no hay nada como ganar la Copa de Europa. La argamasa de la que están hechos los sueños del fútbol, hecha de noches de Champions, de goles por la escuadra, de caños, de rondos infinitos, de lanzamientos al palo, de épica, de llanto y de risas y abrazos y de cien mil cosas más, cada primavera se transustancia en la aleación de 74 centímetros de altura y 8 kilogramos de peso a la que el suizo Jörg Stadelmann diese esa maravillosa forma y donde están inscritos hasta el momento los nombres de veintidós grandes clubes de fútbol. (Texto completo en Football Citizens)

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